
Rebozo de seda pura tejido en telar de otate con rapacejo anudado a mano. Ligero, cálido y con el clásico dibujo jaspeado.
En Santa María del Río, cuna del rebozo mexicano, tejedoras hilan seda en telares de otate desde el siglo XVII. Cada rebozo lleva meses de trabajo y un rapacejo anudado a mano que se dice debe pasar por un anillo.
Considerado el rey de los rebozos mexicanos. Su finura permite que un rebozo completo pase a través de un anillo de compromiso.